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La pandemia del Virus D, virus de la dignidad.

Hace unos días, los medios de comunicación dieron una noticia que, estando encuadrada en las internacionales, y siendo este espacio acaparado estos días, casi en su totalidad, por: Obama y señora; Carla Bruni y su señor presidente; Berlusconi y sus “fiestas”, por el Sr. Brown y los corruptos del partido de los “currantes”; no se como les quedó espacio para darla.

El titular venía de Colombia, nación que debe, en buena parte, su notoriedad mediática a los carteles de la droga, y su financiación a la guerrilla.

Pues bien, con todo eso en contra, se puso en nuestro conocimiento que, un falsificador, al verse descubierto, se había suicidado con cianuro.

Una noticia así, cuando estamos viendo que, en la sociedad actual, lo que prima es la falta de dignidad a la hora de asumir responsabilidades;  a mi me hizo pensar que aún quedan ciertas personas capaces de “asumir sus renuncios”, incluso llegando a hacerse el haraquiri a manera de los samurai nipón, acto que convierte el cobarde suicidio, en una inmolación, reparadora de la humillación.

Hasta aquí la noticia, con mi “romántico” pensamiento.

Mas, permitirme una reflexión, ¿Qué pasaría si el Virus A, por una rara mutación, se convirtiera en el “Virus D”? -virus de la dignidad- y ya convertido “ en pandemia selectiva” atacase a los irresponsables mundiales -había puesto responsables por error-; a los indignos; a aquellos nos metieron en el pozo de la crisis;  a esos líderes de las naciones que, junto con sus correligionarios y tiralevitas, conforman lo que llevo llamando desde hace tiempo, desgobiernos.

Los que se fijan y aferran a sus poltronas, desconociendo que significa ese valor fundamental, a la hora de conformar una sociedad en la que, el valor ético esté por encima del valor del dinero. En suma, a todos los que teniendo algún tipo de poder, en una comunidad, y se valen de el, para su enriquecimiento personal, sin sentir el menor pudor y escrúpulo, siendo responsables del paro de miles de obreros, sumiendo a sus familias en la miseria; a todos ellos, les atacaría con gran virulencia.

Ese "veneno", como tal material genético que es, se instala en las células del dirigente indigno, y lo primero que hace es atacar el blindaje del mismo, es decir, “su rostro se ruboriza”. Se hace vulnerable a la vergüenza; cuando lo normal en estos personajes, es permanecer impávidos ante las más demoledoras y verdaderas acusaciones, o al emitir las mas grandes mentiras. Cuando ya la “cara colorada” lo delata, sus defensas se desmoronan. La siguiente fase, se manifiesta por un olor fétido, haciendo que nadie permanezca a su lado, los lame-culos del poder lo abandonan.

Por fin, en la última etapa, en la cual, falla hasta “la erótica del poder”; la humillación hace mella en él. Entonces el virus ya invade el cerebro;  en una crisis aguda de dignidad, viene la inmolación.

Como digo, esto es una reflexión, pero de ahí me surge la pregunta. ¿Cuántos grandes financieros o empresarios y políticos, permanecerían una vez remita la pandemia?

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